Las horas que Elena ya no quería vender
Elena tenía un trabajo estable, un sueldo correcto y una agenda llena. Lo que ya no tenía era una razón para levantarse con ganas de entregar allí sus mejores horas.
Elena tenía un trabajo estable, un sueldo correcto y una agenda llena. Lo que ya no tenía era una razón para levantarse con ganas de entregar allí sus mejores horas.
Hay jornadas exigentes que dejan orgullo y otras, mucho más livianas, que vacían por completo. La diferencia no siempre está en las horas: suele estar en el sentido.