No siempre hace falta cambiar de vida
A veces el cansancio no viene de vivir mal, sino de sostener demasiado tiempo algo que ya dio todas las señales de no poder sostenerse.
Reflexiones del Viejo Maestro sobre la vida, los vínculos, el trabajo, el tiempo y el mundo moderno.
A veces el cansancio no viene de vivir mal, sino de sostener demasiado tiempo algo que ya dio todas las señales de no poder sostenerse.
Nunca fue tan fácil resolver una tarea en minutos. El problema es que esos minutos rara vez quedan libres: enseguida alguien, algo o nosotros mismos los ocupamos.
Hay cosas que pesan menos por lo que son que por el tiempo que llevamos cargándolas. Tal vez envejecer bien empiece cuando dejamos de confundir fidelidad con insistencia.
En muchas familias hay afecto de sobra y, sin embargo, discusiones que se repiten como si nadie entendiera qué está pasando. A menudo, lo que falta no es cariño: es decir a tiempo qué espera cada uno del otro.
Hay jornadas exigentes que dejan orgullo y otras, mucho más livianas, que vacían por completo. La diferencia no siempre está en las horas: suele estar en el sentido.
Hay personas que ganan más que antes y, sin embargo, viven con la misma sensación de estar al borde. Tal vez el problema no sea solamente cuánto entra, sino cuánto cuesta sostener la vida que se fue armando.
Hay vínculos que no se rompen por una gran traición ni por la ausencia de cariño. Se van gastando cuando estar juntos deja de dar alivio.
Hay logros que lucen impecables desde afuera, pero pesan demasiado cuando llega el momento de habitarlos. La diferencia no siempre está en lo conseguido, sino en para quién se lo consiguió.