La silla vacía de Marta
A los sesenta y ocho años, Marta decidió dejar de asistir a una cena familiar que la lastimaba desde hacía décadas. Nadie entendió al principio que no se estaba alejando de los suyos: estaba regresando a sí misma.
A los sesenta y ocho años, Marta decidió dejar de asistir a una cena familiar que la lastimaba desde hacía décadas. Nadie entendió al principio que no se estaba alejando de los suyos: estaba regresando a sí misma.